Escuela Infantil Ayelem

Nuestros objetivos educativos

Nuestra doble finalidad es: por un lado, atender las necesidades fisiológicas de nuestros alumnos (alimentación, sueño e higiene), y por otro, estimular, favorecer y potenciar su desarrollo físico, intelectual, afectivo, social y moral, a través de multiples actividades didácticas programadas que favorecerán el desarrollo integral de nuestros alumnos.

Por tanto, nuestra escuela ofrece a los padres una completa atención asistencial y educativa para sus hijos.

Nos ocupamos de varios aspectos fundamentales, a tener en cuenta, que harán que el niño se sienta feliz en su primera escuela:

1. El periodo de adaptación del niño

Es el tiempo que el niño necesita para adaptarse a los cambios.

Sabemos que el ingreso en la escuela infantil supone un cambio muy importante para el niño, “normalmente” es la primera vez que se separa de su familia, sale de su hogar para pasar a un espacio totalmente desconocido, con adultos desconocidos y con otros niños.

Se realizará de forma escalonada y progresiva para que el niño poco a poco se sienta seguro y confiado en un entorno hasta entonces desconocido para él.

2. Las relaciones entre la familia y escuela

Es fundamental que establezcamos una relación fluida y cordial entre la familia y la Escuela porque tenemos un objetivo común que no es otro que la educación de sus hijos.

Una buena relación contribuye a proporcionar a los niños seguridad y confianza. El intercambio de información diaria es imprescindible y sumamente relevante.

Nos es de gran ayuda la agenda escolar que diariamente aporta información en ambas direcciones, de casa a la escuela y de la escuela a casa. Además a través de las tutorías se dará a los padres información detallada y continua de la evolución de su hijo.

3. La relación afectiva con la educadora

Nos ocupamos tanto de satisfacer las necesidades básicas del niño como su necesidad de afecto y de atención. El niño para aprender necesita sentirse querido por la educadora que le estimula y alienta en sus experiencias de aprendizaje diarias, promoviendo así su desarrollo.

Una relación afectiva saludable con el niño es nuestra mejor herramienta para conseguir los objetivos pedagógicos que nos proponemos. La confianza que los niños depositan en sus educadoras es tal, que son capaces de mucho si su profesora se lo pide.

4. Las rutinas

En esta etapa son fundamentales pues tienen una función organizativa y sistematizadora.

Pero además tienen una función claramente educativa, porque ofrecen al pequeño un marco estable y seguro muy conveniente para su desarrollo, a través de ellas adquieren los hábitos necesarios que les ayudan a ser cada día un poquito más autónomos e independientes.



5. La organización de los espacios y la programación de las actividades

La organización de los espacios y del material favorece en gran medida el proceso educativo. El niño aprende a través de la experiencia, observando, manipulando, explorando, mediante la acción y a través del juego.

La programación de las actividades en estrecha relación con los objetivos y contenidos de la unidad didáctica, llevarán al niño a un aprendizaje verdaderamente significativo.

6. Atención a las diferencias de los alumnos

Respetamos las características de los alumnos, sus capacidades, sus intereses y su ritmo madurativo, promoviendo su nivel más óptimo de desarrollo.

Por otro lado, favorecemos las buenas relaciones entre compañeros basadas en el respeto mutuo y en la interiorización de unas normas básicas de buena convivencia.


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